¿Porqué todos tenemos un peluche que marcó nuestra infancia?

Todos recordamos aquel muñeco, aquel peluche que marcó nuestros primeros años en el mundo. Podía ser blandito, duro, con forma de animal o de persona, lo importante es que nos protegía nos ayudaba y era nuestro compañero de aventuras. Incluso algunos como el protagonista de TED 2 lo mantienen hasta la edad adulta como el símbolo de su infancia. Pero, ¿por qué tenemos esa relación con un objeto inanimado?

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Si en algún momento te piden que recuerdes tu infancia, que hables de cosas que te marcaron esos primeros años de tu vida, seguro que sale tu peluche. Ese muñeco inanimado que por elección o casualidad llegó a tus manos un momento y no volvió a separarse de ti hasta que te hiciste mayor, y muchas veces ni eso. Un objeto que siempre te dio y te dará seguridad pasen los años que pasen aunque no sepas por qué.

Con un poco de suerte incluso lo mantengas como tu TED personal, como un símbolo de tu vida, el elemento con el que has vivido grandes momentos. Según un estudio realizado por la cadena hotelera británica Travelodge, más del 35% de los adultos duermen aún con su oso de peluche. «El peluche es un símbolo, algo con lo que te acuestas, que te da seguridad, un objeto hacia el que proyectar tus emociones tanto buenas como malas”», explica el psicólogo Giuseppe Iandolo. «Es un objeto de transición que te ayuda a desarrollar tus capacidades», añade.

Puede que te pares a pensar y recuerdes muchos peluches con los que viviste grandes momentos, pero seguro que tienes uno especial que sobresale del resto, uno que crees que elegiste cuando eras pequeño como un flechazo del destino aunque no fuera así exactamente. «Siempre hay uno que destaca sobre el resto, porque lo usan más y duermen con él. Pero los padres también hacen mucho en esta elección son los que hacen que el niño acabe eligiéndolo», explica Iandolo.

Ese peluche que fue tu Winnie the Pooh personal, o tu Hobbes, o tu TED con el que viviste las aventuras más locas hasta que la sociedad te empezó a presionar y tuviste que dejar ese mundo idílico. «A partir de primero de primaria la sociedad empieza a presionarte para que dejes de usarlo», asegura el psicólogo. Aunque, como añade, lo más seguro es que cambies aquel objeto por otro aceptado entre los adultos como un móvil con el que tendrás una relación parecida aunque nunca será igual.

Según Iandolo todo niño debería dejar de tener una relación tan especial con su peluche a partir de los 6 o 7 años cuando eso que vivías con tu muñeco lo empiezas a vivir con amigos reales, pero se sabe que no es fácil. Olvidar tus aventuras, tus mundos infantiles, como cuando Chistopher Robin se fue del mundo de Winnie The Pooh o Calvin empezó a crecer es complicado. A veces es mejor ser como John en TED y en vez de abandonar a tu peluche para adaptarte a la sociedad optar por que tu peluche se adapte contigo.

¿Es normal seguir teniendo un peluche de adulto?

«Todas o casi todos hemos tenido algún juguete favorito, y en la mayoría de los casos intentamos conservarlo porque aún en la edad adulta seguimos sintiendo ‘cariño’ hacia ese juguete al verlo, al cogerlo, al recordar como jugábamos con él. Tener este tipo de emoción hacia algún juguete en la edad adulta es normal», explica Virginia Muñoz Gómez, experta en psicología clínica y salud.

Para Muñoz Gómez, «a nivel educativo y de aprendizaje, el peluche, al igual que otros juguetes, puede ser un medio de comunicación a través del cual el niño expresa sus emociones y asimila sus vivencias». La psicóloga también señala que «al valorarlos más que a otros juguetes, los niños tenderán a desarrollar conductas de cuidado y conservación, tales como ponerlos en un lugar protegido, no cortarles el pelo y/o la ropa, manipularlos con más cuidado para no romperlos, repararlos en caso de deterioro, etc…».

Poner límites resulta difícil. Muchos niños y niñas, vuelven a recurrir a sus juguetes favoritos ante una separación de sus padres, por ejemplo. Respecto a la figura del osito, o el peluche, la elección suele ser esa al tratarse de un juguete blandito y suave, que se asocia a las primeras etapas de la infancia.

No hay una edad máxima para este tipo de relación, pero «es esperable que entorno a los 7 u 8 años los niños vayan perdiendo el interés por los juguetes y tiendan hacia actividades manuales y de movimiento». Eso, claro, si tu peluche no cobra vida y acaba convirtiéndose en tu compinche de juergas.

Via Gonzo

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