Fotógrafo y modelo de éxito de día, hombre sin techo de noche

LA HISTORIA DE MARK REAY

Mark Reay pasó seis años compaginando una doble vida que ha quedado reflejada en el documental ‘Homme less’. Una historia de (falsas) apariencias en las que el mismo actor de éxito que trabajaba con Robert de Niro o el diseñador Marc Jacobs de día, pasaba sus noches durmiendo al aire en una azotea de Nueva York ante la imposibilidad de pagar un alquiler. ¿Todo vale cuando el objetivo es perseguir tu sueño?

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En un día soleado de otoño los 56 años de Mark Reay lucen como 46, desde luego menos de 50. Es alto. Tiene una sonrisa envolvente. Lleva unos elegantes pantalones, unos buenos zapatos y un chaleco sofisticado. Se pone las gafas para ver de cerca y sin duda, proyecta un halo artístico, intelectual. Nadie diría que haya pasado apuros económicos. Nadie diría que durante seis años ha pasado las noches en la azotea de un edificio en el Upper East Side de Nueva York. Tampoco que guardaba toda su vida en las taquillas de un gimnasio, ni que se colara en el metro porque no lo podía pagar. Por supuesto, nadie que le viera trabajar cada día como fotógrafo o modelo, entre estrellas, podría imaginarle entre lonas y botes de plástico en una noche de lluvia.

Descendiente de franceses, Reay decidió ir al sur de Francia para hacer negocios haciendo fotos, pero después de ganar mucho dinero, lo perdió todo, y decidió regresar a Nueva York. Con el único efectivo para vivir durante una semana en un hostel y así poder trabajar en la Semana de la Moda con la diseñadora Diane Von Furstenberg, le picaron las chinches y se encontró sin ningún sitio a dónde ir. «En ese momento de desesperación recordé la azotea de la casa de un amigo. Me pareció bonita y además no hacía mal tiempo, así que decidí pasar allí una o dos noches que al final se convirtieron en seis años», relata estos días en Madrid, donde está presentando el documental basado en su vida, ‘Homme Less, del austríaco Thomas Wirthensohn.

La sacudida económica

Justo en ese momento, en septiembre de 2008, la economía mundial se hundió y el paro se convirtió en un problema serio en EEUU. Las cosas se complicaron para todos. Pero, ¿por qué no recurrir a amigos o familia? ¿Por qué no buscar otro trabajo? ¿No había otra opción? «En parte fue una elección mía. Estaba cansado de trabajos que no me gustaban y elegí vivir en la azotea», relata. Rechazó acudir a sus amigos para pedirles ayuda porque no quería hacer de su problema el problema de ellos. «No quería darles pena. Pienso que no es de buen amigo hacer eso. Además quería mi independencia y ser responsable de mí mismo».

A pesar de tener una carrera universitaria y de haber viajado alrededor del mundo, no pensó en buscar un trabajo en otro sector porque para él ser actor y fotógrafo significaba, después de varios bandazos, un trabajo con el que comprometerse de verdad. «Cuando empecé a estudiar interpretación en 1995, y después me hice fotógrafo en 2003 o 2004, decidí que debía comprometerme con estos trabajos para tener éxito y que no pararía para buscar uno nuevo. Es por eso que continúo. Pude buscar un trabajo con el que subsistir pero decidí no hacerlo. Decidí hacer lo que me gusta aunque significara tener una azotea como casa. Lo acepté».

¿Víctima?

Para él hay una mezcla de factores en su historia. Uno de ellos es la falta de recursos y su incapacidad para mudarse a un apartamento, ya que en Manhattan para alquilar uno debes pagar el primer mes, el último y uno más de fianza. Tres meses, que son, cómo mínimo, unos 3.000 dólares. Pero, por otro lado, él sólo quería vivir  «sin tanta responsabilidad, sin tanta presión», y este fue el modo que encontró para hacerlo.

Reay no se ve a sí mismo como una víctima de la economía y dice ser responsable de su situación. En el documental, el director tiene una perspectiva diferente y ve el lado más perverso del sistema. Los puntos bajos de ese ‘american dream’ actual y la hipocresía de la frase “home, sweet home” (“hogar, dulce hogar”). «Quizás su perspectiva sea la verdadera», afirma Mark. «Tal vez él está más cerca de ver la verdadera historia. Puede que mi percepción esté un poco equivocada, aunque creo que mi historia no es fácil de enmarcar en una sola categoría. No soy una víctima del sistema pero tampoco soy un hombre que se empeña en hacer lo que quiere y vivir así. Hay un poco de las dos», remarca.

Nueva York, la ciudad donde todo es posible. La ciudad de las oportunidades. O eso dicen. Fascinante. Adictiva. Y como tantos escenarios de países desarrollados, tremendamente surrealista. Irónica. Increíble en el sentido más amplio. En Manhattan alquilar una habitación cuesta entre 800 y 1000 dólares al mes. La renta de un estudio puede ascender a entre 1.500 y 2.000 dólares. «Por eso, si ganas menos de 30.000 al año es imposible vivir en la isla. La vivienda se lleva una parte demasiado grande de los ingresos», asegura Mark, que se sitúa entre un hombre que quiere vivir en una ciudad que ama y un hombre que intenta vivir por sí mismo.

Mentiras…

¿Miedo, soledad? Un largo silencio antes de la respuesta. «Estaba cómodo en la azotea, aunque a veces echaba de menos no tener un lugar donde leer un libro, ver la televisión o poder descansar más confortable. Esas pequeñas cosas». Para Reay, entre su modo de vivir y la gente que vive en la calle había un mundo. Ellos están más expuestos, son más vulnerables y tienen muchas razones para estar asustados. Su situación siempre fue segura a pesar de que cada noche, al escalar una verja para pasar al lado donde estaban sus cosas, tenía miedo de caer y que se terminara todo. Sobre todo, vivía nervioso porque le descubrieran y tuvo que sostener no pocas mentiras.

«Empezó a ser complicado cuando comencé a verme con una mujer italiana que estaba de visita en Nueva York y tuve que ponerle diferentes excusas para no ir a mi apartamento. En realidad, durante estos seis años nunca tuve novia, así que no tuve que enseñarle nada. Con los amigos, al ser Manhattan, quedábamos siempre fuera, en un bar o en cualquier parte, y a mi familia le fui poniendo diferentes excusas convincentes. Les mentí para que no se preocuparan».

Y falsas apariencias

La vida de Mark Reay no ha cambiado mucho en el último año aunque ya no duerme en una azotea. Ha creado una web de crowdfunding, GoFundMe, en la que la gente puede poner dinero para que salgan adelante sus proyectos. A cambio les ofrece descuentos como fotógrafo o también hacer books personales.

‘Homme less’ es una historia de apariencias. Reay puede decir bien alto y claro que engañan. Es curioso que siempre le escojan para papeles de político, abogado o ejecutivo. «A veces, como trabajo en películas con grandes estrellas del cine como Robert de Niro, piensan que tengo una gran vida. Pasa lo mismo si te ven junto a otras estrellas de la moda como Marc Jacobs o Diane Von Furstenberg. Es verdad que tengo una buena vida, pero no gano dinero realmente. Hay perfiles de alto standing, es decir, trabajos en los que te mueves con gente importante que están muy mal pagados. En el documental, hacia el final, hay un chico que me mira y dice: “Wow, yo quiero ser como tú. Tienes buen aspecto, buena ropa, un apartamento en Manhattan…”. Ey, cuidado con lo que deseas porque las apariencias engañan, pienso yo».