EVA PERON|SU GIRA POR EUROPA EN 1946|AMANTES Y AMORES…

Escribe daniel otero|Fue Agustín Magaldi su primer amante, el cantante de tango. Sucede que las  cartas entre Evita y Magaldi fueron quemadas por el hermano mayor de Magaldi quien confirmó la relación en 1936.Corrìan los años del dixieland y posterior al lunes negro, cuando  Eva consiguió pequeños papeles en radio y obras de teatro con algún éxito. De acuerdo a diferentes versiones, conseguía los mismos mediante sus mejores armas: su cuerpo y la seducción.


EVA DUARTE Y DOMINGO MERCANTE

En “Evita en la Golden Home” el abogado y empresario español José María Lafuente lleva al lector a través de numerosos testimonios de la vida de Eva Duarte antes de convertirse en “Evita”, y que de acuerdo a esta línea de investigación, sería amante  del militar Domingo Mercante, el cual luego le  presentara a su futuro esposo, Juan Domingo Perón.

Los datos de los investigadores concuerdan en que  a partir de un emprendimiento inmobiliario destinado a adquirir un edificio ubicado en Posadas al 1500 (CABA) se tomó conocimiento de que en ese edificio, la “Golden Home”, había vivido Eva como amante de Mercante.

 

En un proceso de reconstrucción de los hechos,  Lafuente buscó citas con personas que vivieron cerca del edificio de la calle Posadas:  Alberto Horacio Ormilugue; Pedro Poggio, subsecretario de Obras Públicas bonaerense durante la gobernación de Mercante; y con Raquel Fierro de Mercante, nuera del militar, quienes dieron su testimonio acerca de la relación de Eva con Mercante.

Raquel Fierro confesó, que Mercante e Isabel Ernst, secretaria privada de Evita, tuvieron un hijo extramatrimonial. Pero que esa situación causó tanto enojo en Eva que obligó a Perón a alejar y perseguir a Mercante hasta sacarlo de la gobernación.

 

Pero Lafuente entrevistó al  hijo de Ernst y Mercante, Alfredo Silvestre Mercante, quien confirmó la relación. “Fueron amantes durante mucho tiempo. Evita fue como la novia de mi papá”, le dijo el hombre en una entrevista que mantuvieron en una unidad básica de Villa Crespo.

 

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Skorzeny y Perón

LA EROTICA GIRA DE EVA POR EUROPA SIN PERON

Cuenta la historia que en 1947 Evita haría un largo viaje por Europa pero sin Perón. En su agenda estuvo  con Franco, con el Papa Pío XII, con los presidentes de Francia, Portugal y Suiza, y en este último país y antes, durante una corta escala de la comitiva en el principado de Mónaco, lo cual haría concebir algún dato incómodo sobre  su fidelidad matrimonial.

Corría el  domingo 27 de julio de 1947, Eva y la comitiva que la acompañaba en el viaje llegaron a Montecarlo. Entre sus acompañantes estaban su hermano Juan Duarte, su dama de compañía, Lillian Lagomarsino de Guardo; sus modistas Asunta y Juanita, tres edecanes militares y el hombre que se hacía cargo de los gastos de esa corte en tránsito: Alberto Dodero.

 

DETALLES INTIMOS DE LA GIRA

Dodero se constituía por entonces como  un empresario naviero poderoso y cercano al poder, y había corrido con los costos de la gira pero considerándolos  como una inversión. Sus relaciones en Europa habían abierto puertas insospechadas para Eva, y en la Costa Azul las cosas no tendrían por qué ser distintas. Iban todos por el éxito.

En realidad, aunque la comitiva estaba alojada  en el modesto hotel Beach, Dodero se había encontrado con sus amigos millonarios, y entre ellos con un greco-argentino a quien había ayudado a dar primeros pasos en Buenos Aires: ¿ quien era este? -Aristóteles Onassis.

Aristóteles  estaba en Mónaco con su esposa Tina, y se alegró de saber que Eva, a quien había conocido en la Argentina, también estaba allí.

Allá por la segunda guerra mundial -en 1946- se habían encontrado en una casa uruguaya de Dodero, y había sido la única vez que se habían visto. La coincidencia en Montecarlo, entonces, parece haber despertado las fantasías del armador.

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Lo que pasó entre ellos sigue siendo un secreto, y la única versión es la que ofreció el propio Onassis: le pidió a Dodero tener un encuentro privado con la Primera Dama, y Eva —según él— accedió. “Fueron los huevos revueltos más caros que comí en mi vida, y los había probado mejores”, contó después, enigmáticamente, a su amigo John Meyer.

Los allegados a  Onassis, expresaron que el magnate griego pagó 10.000 dólares por acostarse con Eva Perón quien dejó a todos pasmados ya que en broma Onassis lo habría ofrecido en un encuentro  público y en secreto …!ella lo aceptó!!.

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DE LA COSTA AZUL A LOS ALPES DE SUIZA

Saliendo de la  Costa Azul, Eva y su comitiva viajaron a Suiza. Atravesaron Ginebra, recorrieron Berna y visitaron los Alpes y las fábricas de relojes, y el 8 de agosto llegaron a Zurich, donde se alojaron en el hotel Baur-au-Lac.

EL PIANISTA ALEMAN

Esta  parte toca como protagonista a Peter Kreuder . Este, era un pianista alemán que había tocado en la embajada argentina en Berna durante la fiesta de recepción a Eva. En sus memorias, “Sólo las muñecas no lloran”, contaría así su encuentro con la esposa de Perón:

«Estábamos solos ella y yo. Se sentó a mi lado en el taburete y me cantó con una voz aguda una antigua canción popular argentina. Se me venía más y más cerca con su boca, hasta que me besó y me acarició el pelo. Entonces yo pensé: ‘Qué señora de un presidente…? Se trata sólo de una mujer…´”.

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Peter Kreuder tocando el piano.

Entre otras distinciones, Eva Perón recibió la Gran Cruz Naranja de manos del príncipe Bernardo de Holanda.
Entre otras distinciones, Eva Perón recibió la Gran Cruz Naranja de manos del príncipe Bernardo de Holanda.

UN FUEGO INTERIOR QUE QUEMA

La cosa no quedó aquí:  hubo un segundo encuentro en el Baur-au-Lac, donde “por la tarde se despediría de sus amigos y por la noche de mí”. El pianista Kreuder describe a Eva como una mujer con “un cuerpo de niña, un cuerpo que uno no sabe si tiene que pedirlo o amarlo hasta el fin. Un cuerpo que parece sumergido en oro claro, piel brillante y un cabello rubio y liviano”.

“Eva se acercó al final. Llevaba puesto un vestido de seda dorada que le llegaba al piso, y no usaba bijouterie . Llevaba una trenza que le había hecho el coiffeur Bernz. Tenía una cara clásica, bella, muy oval. Me agradeció en español y me preguntó en inglés si yo hablaba francés. Le dije que la música era el idioma universal”.

Cuenta que Eva lo miró intensamente y que “mi corazón capituló. El streap tease más refinado puede dejarme frío, pero esa mirada me levantó. Me sentí atrapado en los ojos de Evita”. Y sigue relatando: “Estábamos solos ella y yo. Se sentó a mi lado en el taburete y me cantó con una voz aguda una antigua canción popular argentina. Se me venía más y más cerca con su boca, hasta que me besó y me acarició el pelo. Entonces yo pensé: “¡Qué señora de un presidente…! Se trata sólo de una mujer”. Yo quería tomar su cara y besarla, y ella me dijo: “Esto no posible, ¿verdad?”. Sonó tan espantoso que me estropeó todo el romanticismo y tuve que reírme”.

Eva, escribió Kreuder, le agarró la mano, la acercó a su cuerpo ceñido por el vestido de seda, y le dijo: “Nos vamos ahora y después tendremos mucho tiempo”. El contestó que sí, y volvieron al salón donde estaba el resto de la gente.

Al día siguiente, “Eva invitó amigos al Baur-au-Lac, un hotel de ZŸrich, donde se sirvió asado y, de postre, música. Por la tarde se despediría de sus amigos, y por la noche de mí. Fue una despedida agridulce y sin fin que duró hasta la mañana. Yo sabía que nunca la podría poseer, porque ella se regalaba a muchos hombres pero no era de ninguno, ni de Perón”. (Las muñecas no lloran- Peter Kreudel)

Transcurrió el tiempo y cuatro años después de aquel encuentro en Suiza, Kreuder fue invitado por Presidencia de la Nación y viajó a Buenos Aires. Un decreto lo designó director de la Orquesta Filarmónica Nacional, ofreció conciertos populares de música clásica y escribió música de películas, y hasta fue condecorado con la medalla a la Lealtad Peronista.

Hasta 1954 vivió en Acasusso. Sobre esa etapa de su vida, escribió: “Había algo que me ataba a la Argentina: esa atadura era Evita Perón. Ella era una vida natural y elemental como el fuego, como el aire, el agua y la tierra. Ella amaba naturalmente, como respiraba. Era PUTA y SANTA a la vez”.

 

LA SITUACION CON PERON

Es posible rastrear  un partenaire de Eva antes y durante su matrimonio, pero con Perón la situación se hace más confusa, porque no fueron muchas las mujeres que se le conocieron.

La predilección de Perón por chicas más jóvenes que él,  fue una de las constantes en su vida sentimental. Cuando conoció a su primera esposa, Aurelia Tizón, ella tenía diecisiete años, y él, treinta y uno. A la adolescente que llamaba hija, con la que convivió hasta fines de 1943, le llevaba no menos de treinta años. Y a Eva le llevaba veinticuatro y a Isabel Martínez, treinta y seis.

SIN HIJOS

Perón nunca tuvo hijos y eso aumentó el rumor de que era estéril. Dos anécdotas, entre otras, no alcanzan para demostrar lo contrario.

Una versión cuenta que  después de haber conocido a Isabel, quien iba a ser su tercera mujer, tuvo la sospecha de que en 1940, mientras estaba en Europa, podría haber dejado embarazada a una actriz italiana con la que habría convivido algunos meses.

Fue entonces cuando  su exilio en España, veinte años después, las dudas volvieron a aparecer y envió a un hombre de su confianza, el financista Jorge Antonio, a que hiciera las averiguaciones necesarias. Dos meses más tarde, tras una investigación que lo llevó de Roma a Milán y de allí a Florencia, Antonio regresó a Perón con las manos vacías: ni rastros de Giuliana dei Fiori, la actriz, ni de su supuesto hijo.

 

Pero una segunda historia se conoció en febrero de 1993, por boca de su última esposa. En una reunión con periodistas, Isabel Martínez dijo que había estado dos veces embarazada de Perón. “Los embarazos”, contó, “fueron en 1957 y 1958, y uno de ellos era de un varoncito”. Al parecer, las dos gestaciones se interrumpieron por causas naturales, pero lo extraño es que ninguno de los allegados a la pareja en esos años de exilio madrileño recuerda a Isabel embarazada.

Volviendo a Eva, si bien es cierto que tampoco ella tuvo hijos, su explicación de la ausencia está expresada en su autobiografía: “Mis hijos son los pobres, los ancianos y los abandonados de la Argentina”.  Y Perón, según ella, era el padre de todos.

EVA Y LA ENFERMEDAD

Se acepta que las primeras evidencias de la enfermedad de Eva se hicieron notar en los primeros días de 1950. Hasta entonces, una imaginaria historia clínica sólo hubiera registrado una fugaz y nunca explicada internación en los primeros meses de 1943, y otra situación similar en septiembre de 1944, nueve meses después de haber conocido a Perón, que dio pie a rumores de un aborto.

 

LA APENDICITIS

En enero de 1950, Eva fue operada de una apendicitis aguda y el equipo de cirujanos advirtió el cáncer de matriz que la condenaba a muerte. Perón, que fue informado por los médicos, para no dejarla sola había trasladado su despacho al Instituto Argentino del Diagnóstico, donde su esposa estaba internada, y atendía desde allí los asuntos más urgentes del gobierno.

SU ESTOICISMO Y VALENTIA

Durante los dos años siguientes no hubo manera de convencer a la mujer de que estaba enferma. Se negaba a aceptarlo, creía que la querían desplazar de la actividad política, y seguía trabajando como hasta entonces. Se había vuelto irritable y ni su esposo, al que devocionaba como a un maestro, conseguía hacerla trabajar menos.

VISPERAS DE LA REELECCION.

En noviembre de 1951, en vísperas de las elecciones que reelegirían a Perón como presidente, Eva volvió a ser operada. La anemia ya le había afilado los rasgos y hundido los ojos, y se la trataba con transfusiones y reposo obligatorio. En octubre la habían anestesiado para que la revisara en secreto el cancerólogo norteamericano George Pack, y el diagnóstico del médico coincidiría con el de sus colegas argentinos: el cáncer era terminal.

El 7 de mayo de 1952, mientras cumplía treinta y tres años aunque celebraba treinta, un grupo de diputados presentaba un proyecto para levantarle un monumento en el centro de Buenos Aires y Perón, a sus espaldas, ya había contratado un especialista para que embalsamara su cuerpo.

Comenzaba su velatorio en vida.

“NUNCA ME SENTI FELIZ”

El 26 de julio de 1952, a la mañana, Eva dijo a una de sus enfermeras: “Nunca me sentí feliz, y por eso me fui de casa. Mi madre me habría casado con cualquier persona vulgar, y jamás lo habría soportado. Una mujer decente tiene que ir adelante en la vida”.

Fueron sus últimas palabras. A las 20:25, esa noche, murió junto al hombre que había amado. En el caso de Perón, era la segunda vez que veía a una esposa muerta de cáncer. Potota Tizón lo había tenido en el útero, y Eva en la matriz.

Ninguna de las dos le había dado hijos.

 

OTRA RELACIÓN OCULTA:

Sin embargo, hay quienes aseveran de otra relación y romance oculto de Eva: Pero fue con el guardaespaldas nazi que Perón le puso , Otto Skorzeny, alias :caracortada.

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Este muchacho -Otto Skorzeny- fue uno de los soldados favoritos de Hitler, que cobró fama por el rescate de Benito Mussolini de un hotel en medio de los montes Apeninos en Italia, en el que permanecía preso, por el que el líder italiano se salvó de ser entregado a los Aliados.

Y en la Segunda Guerra Mundial lo llamaban “el hombre más peligroso de Europa”. Hacia 1944, la Segunda Guerra Mundial seguía un curso desfavorable para el nazismo. La última misión importante de Skorzeny fue la batalla de las Ardenas, en diciembre de 1944.

Fue allí donde surgió una de las acusaciones más graves contra Skorzeny: intento de asesinato del general estadounidense Dwight D. Eisenhower, quien posteriormente se convirtió en presidente de su país.

Diez días después del suicidio de Hitler en mayo de 1945, Skorzeny se rindió ante un escuadrón estadounidense.

Estuvo en el banquillo de acusados en los juicios de Dachau en 1947 por crímenes de guerra, especialmente por la ofensiva en Ardenas, pero no se le encontró responsable de aquellos hechos.

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Sin embargo, debía responder por otros crímenes ante demandas de otros países y se lo mantuvo como prisionero de guerra, pero logró huir con la ayuda de excompañeros de las SS.

Primero fue a España y desde allí viajó varias veces a Buenos Aires. Allí conoció al presidente Juan Domingo Perón y se convirtió en asistente y guardaespaldas de su esposa, Eva Perón.

Desde ese estratégico lugar, habría tenido el romance con la esposa del General, punto en el cual los historiadores guardan un discreto pudor…

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