EL ARTE ABSTRACTO Y LA CIA: UNA TRAMA DE POLITICA, GENIALIDADES E INVERSION

(investigación daniel otero) -Diversos estudios han demostrado el apoyo de la CIA al movimiento generado por el arte abstracto en décadas pasadas.

Un rumor que circuló durante bastante tiempo fue confirmado: la CIA auspició fuertemente  el expresionismo abstracto. El objetivo fue seducir las mentes de las clases alejadas de la burguesía durante los años de la guerra fría. Ahora se sabe que fue la CIA quien dio los pasos iniciales para organizar el evento  “New American Painting”,  mediante el cual se dieron a conocer las obras del expresionismo abstracto en las principales ciudades europeas: “Modern Art in the United Status” (1955) y “Masterpieces of the Twentieth Century” (1952).

Un ex – funcionario de la agencia, -Donald Jameson-  es el primero en admitir que las acciones a favor a los artistas expresionistas estaba dentro  de la política de «correa larga» (long leash) a favor de los intelectuales.

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obra de Mark Rothko

¿El método? -mostrar el aspecto creativo y la fuerza espiritual, artística y cultural de la sociedad capitalista en contraste con la monotonía de la Unión Soviética y de sus satélites. Pero no solo eso: El programa también auspiciaba  revistas culturales, como “Encounter”, “Preuves” y, en Italia, “Tempo presente” de Silone y Chiaramonte. Esto incluyó el Jazz a veces y nada menos que el expresionismo abstracto.

Al parecer, tenemos que remontarnos a los años 1950 y 1960, cuando Pollock y los demás representantes de su corriente aún no gozaban de  buena reputación en Estados Unidos.

Evoca  Jameson: el gobierno de los EE.UU tenía precisamente en aquellos años,  la difícil tarea de tratar de imponer la imagen del sistema estadounidense. Pero en particular, lo que atañe a sus fundamentos y especialmente la 5° enmienda. Hacía falta remontar la libertad de expresión, cuestiones perjudicadas por actitudes derivadas de la feroz campaña del Senador Joseph Mc Carthy, un cruzado de aquellos en la lucha contra el comunismo.

                                                                     UNA SEÑAL AL MUNDO

Hacía falta  enviar al mundo una mensaje fuerte y claro, que incluyese un posición opuesta al maccarthismo. Esa labor se le confió a la  CIA que operaría con toda coherencia y éxito. Por paradoja, en esos tiempos  la agencia se consideraba un enclave «liberal» en un sistema mundial orientado fuertemente hacia la derecha. En su dirección había personas rentadas egresadas de las mejores universidades, incluyendo coleccionistas de arte, artistas figurativos como escritores. Tales funcionarios de la agencia  se erigían como el contrapeso o la contracara de la dura metodología, convenciones beatíficas y del furor anticomunista del FBI y el equipo del senador Mc Carthy.

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obra de Jackson Pollock

NOSOTROS LO INVENTAMOS

                                                    «El expresionismo abstracto, yo diría que somos justamente nosotros en la CIA los que lo inventamos –declara actualmente  Donald Jameson, citado por el cotidiano británico The Independent – “El expresionismo abstracto era el tipo de arte ideal para mostrar lo rígido, estilizado, estereotipado que era el realismo socialista de rigor en Rusia. Fue así como nos decidimos a actuar en ese sentido.»

Ahora cabe la pregunta: ¿a esto lo sabían Pollock, Motherwell, de Kooning y Rothko? Parece ser que no.  Que los artistas estaban al margen de este juego. Nunca supieron que estaban siendo ayudados desde la sombra por la CIA, que sin embargo tuvo un papel esencial en su lanzamiento y promoción de sus magníficas obras así como el rápido aumento de sus ganancias. Los maestros del expresionismo abstracto estaban lejos de la simpleza y su obra fue considerada inclusive  escandalosa. Protagonistas de una contracultura de la sociedad burguesa con el respaldo del mismísimo sistema.

UN GRAN MOVIMIENTO, UNA GRAN CAMPAÑA

 

Entre 1950 y 1976, se montó el gran Congreso por la Libertad de la Cultura, organizado  por el agente de la CIA Michael Josselson. En su perigeo el Congreso «abrió oficinas  en 35 países, tuvo centenas de personas bajo contrato, se insertó con artículos en revistas de prestigio, organizaba muestras artísticas, poseía un propio servicio de noticias y de artículos de opinión. También organizó conferencias del más alto nivel académico  y generó recompensas y premios a los músicos y otros artistas mediante actuaciones públicas.

Por entonces la persecución nazi en Europa, hizo que los creadores de vanguardia se refugiasen en los Estados Unidos. Pero para su sorpresa, descubrieron un gran rechazo a sus innovaciones. El representante  republicano por Missouri, George Dondero, sostuvo que el arte moderno era parte activa y conspirativa  mundial «comunistoide» para debilitar la moral estadounidense: Decía; “El cubismo pretende destruir mediante el desorden calculado. «El futurismo, mediante el mito de la máquina… El expresionismo pretende destruir remedando lo primitivo y lo psicótico. El arte abstracto pretende destruir por medio de la confusión de la mente… el surrealismo pretende destruir por negación de la razón».

Así las cosas, los armadores de las estrategias para con la elite política y cultural los cuales estaban armando una estrategia a nivel mundial contrarrevolucionaria,  no compartieron para nada  tales dislates y demostraron inmediatamente  una mayor sensibilidad y apertura cosmopolita, la cual nada tenía que ver con  la mentalidad predominante en el Medio Oeste agrícola y granjero. Rápidos de reflejos, entendieron  que para construir el liderazgo mundial lo cual en definitiva era su objetivo, a las dimensiones económicas y políticas debían agregarle otra: la dimensión artística y cultural.

Este es el punto de inflexión cuando se decide apoyar de manera  internacional del expresionismo abstracto, corriente pictórica que ofrecía la doble ventaja de ser –de acuerdo a sus defensores- auténticamente americana y oponerse de manera frontal al realismo socialista de producción estalinista. Si tanto  los Estados Unidos y  de modo especial Nueva Cork viraban para convertirse en el centro político del mundo “occidental”, solo restaba que tuviese su correlato en el liderazgo cultural basado en una expresión artística que coincidiese a su nueva funcionalidad dirigencial global.

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obra de Willhem Koenig

PROMOVER LA SUPREMACÍA DEL ARTE DE EE.UU

 

Ya entonces, la cuestión era definir no solo la independencia y ruptura con respecto al arte europeo,  sino proclamar abiertamente la creatividad específica de los Estados Unidos. Había que mostrarse lejos del academicismo rígido y maniatado del realismo soviético. Esta postura fue apoya por el presidente Dwight Eisenhower en los años cincuenta, para que el formato del  expresionismo abstracto resultara ser la  manifestación del espíritu de la «libre empresa», que le daría la grandeza  a los  Estados Unidos.

Estaba todo dado: así surgió el firme e irrestricto apoyo del Congreso por la libertad de la Cultura a las publicaciones masivas del Emporio Time – Life, el auspicio a los grandes museos Neoyorquinos como el de Arte Moderno, el imperio del MOMA, el cual era dirigido entre otros por Nelson Rockefeller, además de las fundaciones que se acoplaron y que servían de pantalla a los aportes clandestinos de la CIA.

¡¿ FIRMASTE? TE PREMIAMOS!

                                        Cuando el periódico  New York Times lo denunció públicamente en 1966, muchos se enteraron postreramente. Isaiah Berlin, Freddie Ayer, André Malraux, Nicolás Nabokov (primo del autor de Lolita), André Gide, Jacques Maritain, T.S. Elliot, Benedetto Croce, Arthur Koestler, Raymond Aron, Salvador de Madariaga y Karl Jaspers. Estos autores, ingenuamente adherían a los manifiestos anticomunistas o abiertamente, los cuales eran manipulados por la CIA. Pero al hacerlo, se ganaban automáticamente un pasaporte oficial de la cultura.

Champán, viajes en cruceros, temporadas en hoteles de cinco estrellas de Europa y Nueva York eran la moneda de pago por su adhesión a los manifiestos anticomunistas. Se codeaban con el Jet Set y un equipo de sirvientes estaba a su disposición. Pero nadie de ellos se preguntaba –afirman los investigadores- de donde salía el dinero.

Pero si alguien preguntaba, ya existía una respuesta de antemano: las fundaciones «filantrópicas y humanitarias»: Ford, Farfield, Kaplan, Rockefeller o Carnegie, que formaban parte del proyecto político. Surgieron fondos  para múltiples exposiciones en el MOMA. En 1952  se ofreció una oportuna beca anual del ROCKEFELLER BROTHER FUND por 125.000 dólares.

Otros fondos de la CIA fueron a parar no solo al MOMA, sino tambien a la Bienal de Venecia.

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Obra de Barnett Newman

DERRIBANDO MITOS

 

Sin embargo, esta gran operación político-cultural no dejó de generar críticas y resistencias. Primero fue el propio público estadounidense. Habrían de aceptar: «De nuevo nos encontramos con esa sublime paradoja de la estrategia americana en la guerra fría cultural: para promover la aceptación del arte producido  como expresión de la democracia habría que salvar el escollo del propio proceso democrático».

El propio frente cultural interno recibió una andanada de sospechas. Es en 1952, cuando  la revista comunista estadounidense “Masses and Mainstream” disparó una nota  sobre el arte abstracto y su templo preferido: el Museo de Arte Moderno neoyorquino, con el título «Dólares, garabatos y muerte»

EL PLAN MARSHALL DEL ARTE

                                                Pero hubo que esperar  hasta la llegada de los años más críticos de la Guerra Fría para ver este desenlace: casi como una especie de Plan Marshall pero en el campo artístico. Una acción combinatoria de acciones entre la CIA, el MOMA, y la fundación Rockefeller permitieron el desembarco glorioso del expresionismo abstracto en las ciudades cabeceras del viejo continente. Habían llegado a Europa. Pero parte de la prensa francesa advirtió la maniobra política tras las exposiciones y apuntaron que el nuevo Musée d´ARt Modern era un nuevo enclave de los Estados Unidos. Por otra parte, calificaron a los pintores que participaron, como los “doce apóstoles de monsieur Foster Dulles” (Secretario de Estado de los EE.UU 1953–1959)

 

FRUSTRACION

 

Pero aconteció algo: en los medios artísticos estadounidenses comenzaron a verse las impugnaciones sobre los expresionistas, que pasaron de la disidencia de izquierda a ser los elegidos y utilizados por la élite imperialista. Esta triste historia tuvo un corolario triste para ellos: subsumidos  por los dilemas de conciencia y por las permanentes coacciones  de haber cedido tanto a la ambición como la codicia, estos  escaparan de la vida y sus contradicciones mediante el alcoholismo, el suicidio o los accidentes de tráfico. Por paradoja, no terminaron con homenajes como Walth Withman o sepelios como el de Beethoven, como se merecían al ser la primera generación de los creadores genuinos del arte estadounidense.

 

EL ENFOQUE DE MUDROVCIC

 

María Eugenia Mudrovcic, actual profesora de la Universidad de Michigan, hizo un análisis de  cómo la CIA y la Fundación Ford  dieron impulso y financiamiento al mundo de la literatura latinoamericana de los años 60.  Para lograr eso, contrapuso la revista Mundo Nuevo, cuya dirección estaba a cargo de  Emir Rodríguez Monegal con la cubana Casa de las Américas, a cargo de Roberto Fernández Retamar. «En París se habla en todas partes de las últimas revelaciones referentes a los fondos de la CIA, que sin duda conoces, y que no hacen más que confirmar lo que todos sabíamos», escribió Julio Cortázar a Retamar el 17 de febrero de 1967 aludiendo a Rodríguez Monegal.

 

NADA OPACA LA GRANDEZA

                                       La historia es una cosa. Pero la realidad es otra. Nada opaca la grandeza de la obra de Mark Rothko, Jackson Pollock, Willem de Kooning, Barnett Newman, padres del expresionismo abstracto, que dieron a la historia del arte las páginas más gloriosas que podrían haberse escrito.

 

Fuentes consultadas: Frances Stonor Saunders, Who Paid the Piper? (Granta Books, 1999), «Modern art was CIA ’weapon’», por Frances Stonor Saunders, The Independent, 22 de octubre de 2010. La Guerra Fría Cultural. Entrevista con María Eugenia Mudrovcic.

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