“Neurociencias y educación: Aportes para la práctica docente”

ESCRIBE Hernán Javier Aldana | Conferencia en Crespo| Entre Rios- El docente y divulgador científico Hernán Aldana Marcos dio una charla sobre “Neurociencias y educación: Aportes para la práctica docente”, organizada por la Asociación de Graduados de Ciencias de la Educación y las carreras de Ciencias de la Educación y Profesorado Universitario de la Universidad Adventista del Plata (UAP). Se realizó en el Salón delos Pioneros el domingo 8 de mayo, ante una gran cantidad de docentes que colmaron la capacidad del salón auditorio, en Libertador San Martín.

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Hernan Aldana Marcos

Durante un intervalo de su intervención, Paralelo 32 habló con el investigador sobre lo que deben tener en cuenta los docentes, a partir de las características generales del cerebro humano, a la hora de enseñar de la manera más efectiva a sus alumnos.

Las claves

Al realizar un resumen de las cuatro horas de exposición y diálogo con los asistentes, el doctor Aldana señaló: “Lo que estamos transmitiendo en esta charla es la importancia de conocer el cerebro para enseñar. Nuestros docentes no saben cómo funciona el cerebro, lo tienen que saber para enseñar. Por lo tanto enseñamos mal, por eso venimos a dar claves para que puedan aprender y que no haya tanta deserción, que los alumnos participen más”.

–   ¿Cuál es la principal clave en la relación con el alumno?

—  Lo importante es que el alumno participe con el cuerpo. Esto se llama aprendizaje activo, es el constructivismo de antes. El alumno tiene que participar mucho, la clase magistral como antes no sirve más. Si no es interactiva no sirve, sirve cuando es interactiva. Es, mentalmente, la clave más importante. Son técnicas para rescatar la atención.

Disciplina y límites

–  La disciplina ¿tampoco sirve? Exigir que se preste atención, por ejemplo.

—  Sirve, porque el docente debe poner un límite. Sobre todo en el cerebro adolescente, que no tiene madurada su posibilidad de ubicarse. Hay que ponerle un límite. La disciplina es importantísima.

–  No debe ser un disciplinamiento autoritario.

—  No, por supuesto. Pero un poquito sí. Porque si vas a explicar mucho, ese cerebro no está preparado para entender. La madre dice ‘te saco  la play porque tus resultados son malos, ¡te la saco y punto!’ Si empezás a explicar no llegás, no está maduro ese cerebro para aceptar una explicación. Más adelante, sí. Pero disciplinar sin pegarle, obviamente. Le ponés un límite.

–  Me llamó la atención en su explicación que a los 30 años recién el cerebro madura. ¿Somos adolescentes hasta los 30?

—  Sí.

–  ¿Pero es un dato sociocultural actual, o es histórico, desde siempre?

—  Es histórico, siempre fue así. Pero está bueno tener cierta inmadurez, te animás a hacer más cosas. Si vos tenés mucho miedo, que es lo que hace el lóbulo frontal, no investigarías el mundo.

–  ¿La maduración aumenta la cantidad de miedo?

— Y sí. ‘No toqués el perro que muerde’. Nunca más vas a tocar un perro, si no todo nene va al perro. ¿Por qué no tocás el perro? Porque alguien te dijo que no lo toques. Obviamente, todo depende de cómo te criaron. Tenés que animarte al mundo, pero con responsabilidad. Eso no implica que le tengas miedo, le tenés que tener respeto. Pero cuando tenés muchos cartílagos y sos joven, te podés caer, te podés golpear. Otra cosa es a nuestra edad, a esta edad ya tenemos que conocer el mundo, pero antes tenemos que golpearnos. Esa es la idea.

–  Pero es también situación social, a cierta edad uno se vuelve más conservador porque está cuidando su familia, su salud.

— Seguro. Un chico no tiene mucho límite, sus límites son los padres, son los mayores. El drama es que no están.

Trastorno de conducta

–  Durante la charla dijo que en su infancia tuvo TDAH (Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad, N. de R).

—  No sé si llegué, porque nunca fui diagnosticado. Pero era insoportable. Era inquieto, no me concentraba todo el tiempo, me aburría mucho. Fue en el primario. Lo que pasa es que era más duro antes, te ‘mataban’, te echaban. Yo repetí dos veces en la primaria, quinto y séptimo grado. Era terrible, era insoportable. Pero lo que no te mata, te fortalece. Me sigo aburriendo muy rápido, por eso necesito estudiar. Sigo siendo muy ansioso, por eso me como los dedos, mire como están mis uñas. Sigo teniendo una personalidad… pero me encanta, lo tomé por el lado positivo.

–  Ahora que es neurocientífico, descubre que tenía TDAH.

—  Sí. Me doy cuenta. Y no me dieron ningún fármaco. Lo superé porque mi infancia fue muy estricta. No se podía hacer mucho en el aula, entonces tuve mucho control, porque o te pegaban o te echaban. Ahora es menos terrible. Yo hice un curso sobre todas las alteraciones del aprendizaje, y es complicado. Porque el chico con esas alteraciones necesita mucha atención. Perturba mucho y la pobre docente debe dar clases para todos, entonces llega un momento que lo maltrata. Es terrible ese chico, exige una atención. Entonces, hasta que no haya colegios especiales. A veces el fármaco es algo que lo calma un poco. No sé, yo me crié sin fármacos, pero me ponían un límite muy estricto.

–  ¿Y el secundario cómo lo pasó?

—  No sé por qué, pero me fue muy bien. Pasó. El TDAH se va, queda en algunos adolescentes, en adultos también. Pero en general se va, hay un gran porcentaje de personas en las que va desapareciendo con el tiempo.

Aprender en Argentina

–  ¿En Argentina es fácil aprender, pensando en todos los niveles, primario, secundario, universidad?

—  Estamos mal, estamos horrible, porque nadie cambia. El entorno te pide como docente que cambies, pero nadie cambia. Cambiar, es de por sí, muy difícil. Nadie quiere cambiar, y al cerebro tampoco le gusta cambiar. Porque cambiar es un riesgo, el cerebro quiere sobrevivir, entonces llegó hasta acá así, y lo sigue haciendo. Aunque te diga todo el tiempo ‘está mal, está mal’, no cambia. Yo doy  esta charla, y los docentes cambian muy poquito. Por más que yo les diga ‘no podés quedarte sentado en un aula, no lo podés hacer más’. Lo siguen haciendo.

–  Hay países que han tenido este tipo de crisis educativa como Argentina. ¿Cómo la superaron?

—  Yo no soy macrista, pero una de las cosas que primero no hay que aplicar es llenar de universidades como hizo el kirchnerismo. Todo lo contrario, es jardín de infantes, que es lo que supuestamente quiere hacer este gobierno. Lo que pasa es que cuando ponés un jardín no lo sentís como gobierno, parece mejor llenar de universidades, aunque no pase nadie. Es lo que vivo yo en la Universidad Nacional de La Matanza, que es una de las universidades hermosas. Pero de 300 chicos me pasan cien. Y además no puedo estacionar el auto, porque está lleno el estacionamiento. Entonces, ¿para quién es la universidad, para los pobres? No me cierra mucho, es una mezcla. Hay chicos de bajos recursos, pero son los menos. Para mí hay que empezar por la educación inicial y pagando muy bien.

Nivel inicial

–  Se plantea universalizar la educación inicial desde los 3 años. Finlandia tiene un gran sistema educativo y el primario recién comienza a los siete.

—  Lo que pasa es que vos acá decís que sos maestra jardinera, te miran y te dicen ‘qué taradita’. Cuando la maestra jardinera es la más importante de todas. Pero te miran y te dicen ‘qué tontita’. O son maestras de primaria, también. Pero en Finlandia decís que sos maestra de grado y es como tener un doctorado. ¿Se entiende? Tenemos un gran descrédito por la educación inicial. Eso debe cambiar. Cuando doy capacitación en los colegios, el docente te dice ‘estoy muy solo’. Si es privada la institución, te dicen que no pueden echar al alumno porque es una cuota menos. Y si le ponés un límite, viene el padre y te reta.  ‘¡Cómo le hacés eso!’. Como el padre está trabajando doce horas, es un padre culposo. Entonces viene el nene y le dice que lo retó la maestra. ‘¡Cómo te puso un cuatro, con lo que pago!’ Increpa a la profesora ‘¡Porque yo le pago un montón de plata!’ Ves un profesor al que no lo cuidan ni los directivos ni los padres. Entonces, que hace el profesor. ‘¡Basta, le doy clases al que quiere!’ Son tres a los que termina dando clases, los tres alumnos de la primera fila, mientras los demás joden. Porque el docente está solo, se estresa o se enferma. Esa es la situación actual. O espera jubilarse. Es muy triste, cuando vas a los colegios es terrible.

–  ¿Eso lo ve en todo el país?

—  Sí. Salvo los colegios que pueden darse el lujo de seleccionar.

–  Está hablando de colegios privados.

—  Privados, sí. Y en los estatales, pasa lo mismo porque los directivos quieren retener, no quieren que los chicos estén en la calle. O sea, unos por la plata y otros para que el chico no esté en la calle. Pero tampoco les podés poner un límite porque viene el padre y te clava un cuchillo o te pega un tiro. Pobres docentes.

Luz al final del túnel

–  ¿No ve una luz al final del túnel?

—  Sí. Yo no paro de ir a todos lados. Y el gobierno de Macri prometió invertir en jardines. Vamos a ver si lo hacen. Pero me pareció ‘¡uh, al fin!’ Porque es algo que ya se sabe en todo el mundo, porque en educación lo primero es el nivel inicial. Lo que no arreglás ahí, después no lo arreglás más. Creo que sí, tengo fe. Al menos hay una necesidad, mirá la cantidad de gente que vino a la charla.

–  Bueno, acá llega un especialista cada tanto. En Buenos Aires los tienen a mano todos los días.

— No es así. Yo estuve con esta charla en la Universidad de San Juan y juntaron 30 o 40 personas. No te creas, algo pasará acá o es la gente. Además, es la primera vez que hacen este tipo de ciclos. Hay que tener cuidado porque a veces es un plomo. ‘¡Otra vez pedagogía!, me muero del aburrimiento y no voy’.

–  Además, está ‘el gancho’ de las neurociencias, hoy de moda.

—  Además. Pero más allá de todo hay que saber venderlo. En Argentina tenemos grupos muy intensos en neuroinvestigación. Yo soy un divulgador, trabajo en contar y hacer fácil la comprensión de lo que se investiga y descubre. Facundo Manes es un científico que investiga y tiene gente investigando con él, más allá que publica muchos libros y tiene la capacidad de hacer fácil lo difícil, es muy interesante. Hay muchos científicos investigando en la Argentina, por suerte.

– ¿Cómo están los trabajos sobre neurociencias en Argentina? ¿Somos repetidores de otras latitudes o hay producción propia?

—  Es impresionante. Hay libros de autores argentinos espectaculares. Tenemos gente muy buena, muy buena en serio.

– ¿Se está aplicando o es solo teoría, por ahora?

—  Se está aplicando. Es que hay una desesperación en los colegios por la neuroeducación. Los docentes están como… ‘¡por favor, que nos vengan a ayudar porque no sabemos qué hacer!’. Las neurociencias están creciendo, hay que darles tiempo.

 

Quien es

 

Hernán Javier Aldana Marcos tiene 51 años, es soltero y nació el 10 de septiembre de 1964 en la Capital Federal. Es doctor en Biología de la UBA, previamente logró en la misma casa de altos estudios la licenciatura en Biología. Es decano en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Belgrano. Cómo docente da clases en las universidades privadas de Belgrano y Morón y en la Universidad Nacional de La Matanza. Se desempeña como investigador y divulgador de los avances de las neurociencias y brega por su aplicación en el aula. Su currículum incluye estudios como investigador del Conicet, artículos publicados en revistas científicas y colaboraciones con capítulos de diversos libros, entre otras actividades. Es miembro de la Sociedad Argentina de Ciencias Morfológicas y de la Sociedad Argentina de Histotecnología.

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