Lucía Scholtus: sutiles diferencias entre el “ganar” y el “triunfar”

La santafesina puso todo en la final posicionándose entre las 12 mejores del mundo.

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Con una excelente performance en las que tuvo que competir contra 24 bellezas de distintas partes del planeta, Lucía Scholtus logró su cometido de quedar entre las 12 primeras semifinalistas del certamen disputado en el país de República Dominicana.

Este certamen deja muchas reflexiones interesantes al respecto. Vamos de a una. En primer lugar, lo lejos que puede llegar un ser humano si se lo propone, sin importarle el tamaño del desafío o la magnitud de lo que se propone. En segundo lugar, la enorme trascendencia de la fuerza de la voluntad aplicada a un objetivo definido a lograr, con los medios que se dispone y no más que ello. En tercer lugar, el orgullo que una provincia que vive momentos de crisis y está paralizada en un contexto general de recesión a nivel nacional, tenga una representante en un evento de jerarquía internacional en donde 24 competidoras pusieron todo de sí para lograr quedarse con el triunfo.

Pero la lectura del término “triunfo” no es aplicable en términos literales. “Triunfo”, es para el que lucha, persiste, insiste, resiste, consigue, logra, subsiste. El que no desfallece, avanza, se posiciona, mantiene su lugar, da batalla. Un triunfador no es el exhibe un lauro. Ese es un ganador. El triunfador es el que hace de su vida cotidiana una lucha permanente en contra de la adversidad y se forja diariamente en la misma. Un lauro, un cetro o una corona es un instante o un fragmento de tiempo. Una foto. Una selfie. Un dato más en el historial de la persona.

Lucía Scholtus es más que eso. No es ganadora pero es una triunfadora. No solo por haber llegado a semejante instancia final del certamen a la par de poderosas competidoras procedentes de países que forman parte de bloques económicos o culturalmente distintos, sino porque en su triunfo deja toda una serie de conductas y procesos para su generación y las venideras. Deja un combo de enseñanzas a nivel personal y de ética profesional de como deben hacerse las cosas y lo lejos que se puede llegar cuando se tienen en claro las consignas y todo el valor para ejecutarlas.

Para quien escribe este texto, es más importante el triunfo que el ganador. Son dos cosas distintas. El “ganar” algo puede ser aleatorio y hasta casi casual. Pero el triunfador no es casual. Es la resultante de un método. Tiene una esencia distinta: es CAUSAL. Porque creó su propia causa, es su propia construcción social aplicada a la consecución de un objetivo. El ganador tiene un proceso de síntesis distinto, que más tiene que ver con la circunstancia y la aleatoriedad de funciones que con el método.

Lucía es una triunfadora. Porque antepuso el método y la perseverancia a la casualidad y el azar. Quienes la conocemos y transitamos algunos caminos en la vida, sabemos que la planificación y el método traen -tarde o temprano- el logro de muchas cosas y en distintos formatos. Un aplauso dura cinco segundos. El honor acompaña toda la vida. Un reinado dura un año. Pero la satisfacción de haber llegado hasta los límites de la conquista perdura toda la existencia. Una foto con un cetro da la vuelta al mundo un tiempo. Pero el adueñarse de los corazones de la gente acompaña una eternidad. Pero subirse a un avión rumbo a un país desconocido con veinte años no es para todos, podemos convenir en eso, al menos.

Las cosas hay que entenderlas en distintos contextos. No en uno solo y literal. Por eso remarco la diferencia entre “Ganar” y “triunfar”. Y me alegra muchísimo que Lucía Scholtus pertenezca a esta segunda categoría. No solo la coloca en otra escala de jerarquías, sino que habla de la persona, de su grandeza y preeminencia en la cotidiana existencia de la vida. Certámenes para “ganar” puede haber muchos. Ahora, las oportunidades que la vida da para “triunfar”, no son demasiadas y no todos la logran.

Pero Lucía Scholtus, sí. Lo ha logrado y se trae una postal envidiada por muchas: haber estado en un sitio reservado para doce personas en el mundo.

Como los apóstoles de la última cena . Ni más ni menos.

Y con eso es más que  suficiente. Digo yo. Creo.

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